sábado, 4 de octubre de 2008

Chiro (Epilogo)

Para entender esta historia necesitas leer las partes anteriores. Podés encontrarlas luego de este post, o todas juntas haciendo click aquí

La realidad era innegable.
No era una representación actoral solo para mis ojos, no era una cámara oculta, no era una broma de mal gusto.
Aún sin ver el féretro, era tangible que toda la cuadra estaba impregnada de muerte.
La madre de Chiro estaba de rodillas sobre el pasto, tapándose el rostro con sus manos y dando gritos de agonía, mientras otros vecinos intentaban incorporarla. Mario estaba parado en la puerta de su casa como hipnotizado, con la vista en blanco y fija sobre un punto invisible. Chicos, chicas, vecinos, amigos, curiosos. Todos se habían congregado en esa cuadra para echarle un vistazo al acontecimiento del momento.
Yo di media vuelta y me fui. No podía enfrentar la situación. El cuadro general era demasiado agresivo. Caminé un par de cuadras sin rumbo y me fumé tres cigarrillos al hilo. No sabía que hacer, que decir, ni que sentir. El viernes Chiro había estado en mi casa, habíamos tenido relaciones, habíamos vivido un momento de regresión al pasado, me había robado, se había burlado de mi y nuestras últimas palabras habían sido “Me tengo que ir – Ok, andate”.
Y ahora ya no estaba más.
Ni acá ni en ningún lado.
Solamente había quedado su envoltorio metido adentro de un cajón. Por más que me decía a mi mismo estas cosas, no podía terminar de convencerme de que esta era la realidad.
Fui hasta mi casa y me puse un poco más presentable. Estaba muy recién levantado, con lagañas y pelos parados. Cuando volví a la casa de Chiro, más gente se había sumado al velatorio. En el momento en el que puse un pie en esa living, reviví la sensación deprimente y particular que había sentido tantos años atrás en el velatorio de la abuela Anyulina. Las flores, la temperatura elevada gracias a la cantidad de cuerpos presentes. El olor a muerte. Ese olor tan desagradable... por Dios... se me revolvió todo.

Me abrí paso entre la gente, esquivando saludos y miradas tristes. Necesitaba llegar hasta donde estaba Chiro para comprobar que todo esto estaba pasando.
Finalmente, la realidad me dio flor de bife. Ahí estaba. Lo que tanto quería encontrar, la confirmación de la noticia del día, se materializó delante mío. Creo que nunca voy a olvidar el impacto que me produjo ver esa cosa metida en aquel ataúd. Se parecía mucho a Chiro... pero no era él. Chiro no podía estar metido adentro de esa caja. Chiro se había ido y había dejado en su lugar, a un suplente. Un cadáver impostor con poco talento para la imitación.
Igual que Anyulina, este Chiro muerto tenía un color pálido y enfermizo, todo su cuerpo estaba cubierto por una mortaja de la que sobresalían su rostro y sus manos. Se me aceleró el corazón.
Lo observaba y no podía negar que todo esto era verdad, pero se veía tan diferente que sentía que se trataba solamente de un mal sueño.
Sus manos. Esas manos se habrían deslizado desde mis muslos hasta mis glúteos la primera vez que nos desnudamos cuando eramos pre adolescentes. Esas manos me abofetearían la cara un tiempo después. Esas manos me robarían, pero también acariciarían mi cabello. Esas manos ya no se iban a mover.
Esa cara. Esa cara pálida y sin vida, unos días atrás era capaz de transmitir muchas cosas. Su sonrisa pícara y compradora, pero burlona y despectiva otras veces. Su boca grande y de labios gruesos sabía dar los besos más lindos del mundo. Esos ojos dormilones que tantas veces me habían hecho perder la cordura, ahora estaban cerrados y parecían pegados con “la gotita”. Esos ojos nunca más se iban a abrir.
Esta persona encajonada, había estado desnuda conmigo el viernes y hoy estaba envuelta en una mortaja. Acá había algo que no estaba bien. Algo no tenía sentido.

Mientras contemplaba los restos de Chiro, Mario se acercó al ataúd. Su cara era totalmente inexpresiva, quizás porque también estaba esperando despertar de este sueño. Con una mano acariciaba la cara de Chiro y con la otra simulaba acomodar la mortaja que envolvía el cuerpo muerto de su hijo, como si estuviera arropándolo antes de darle las buenas noches.
Me acerqué a él y lo abracé. No le dije nada. ¿Para qué? El dio un profundo suspiro y me dijo:
“Ah... Marcelito, Marcelito... ¿qué vamos a hacer ahora, Marcelito?”
Sin decir nada más, se fue a la cocina y cerró la puerta.
Dios mío, necesitaba salir de ahí. La sensación de mareo que tenía era constante. En el jardín delantero de la casa había decenas de chicas llorando. A muchas de ellas no las había visto en mi vida, a otras las conocía de vista y un par iban a mi mismo colegio. Todas ellas y yo teníamos algo en común: conocíamos a Chiro sin ropa.
Algunas de estas jovencitas habían estado saliendo hasta ese momento con él. Todas ellas perfectamente ignorantes de la existencia de la que tenían al lado, hasta esta mañana. Al pasar a su lado sin proponermelo murmure: “Uh, ¡si supieran!”

Una vez afuera de la casa, me encontré con El Mugre, Leandrito y Alvarez. Todos amigos de Chiro. Los conocía pero no los pasaba mucho. Siempre habían sido amigos de jodas, nada más.
“¿Alguien sabe bien que fue lo que pasó?”
Ninguno hablaba. Leandrito prendió un pucho y dijo:
“Andaban en algo medio pesuti, parece. En la moto iban El Cabeza (ni idea quien carajo era ese), una minita de “El Sagrado Corazón” (un colegio de Castelar), La Turca y atrás iba chiro. Los venía siguiendo un auto blanco.”
“¿Qué auto era?”. El Mugre era fierrero y siempre que se contaba algo que involucrara un auto, el quería saber el modelo.
“No sé. No pregunté.”, respondió Leandrito fastidiado. “La cosa es que los venía siguiendo el auto este, ellos parece que se estaban escapando medio a las chapas. En un momento el auto les toca la rueda de atrás, se les va la moto a la mierda y Chiro fue a parar de cabeza contra un masetón. Se dio el palo del siglo”
“Pobre chabón, boludo”, murmuró Alvarez entre dientes.
“Entonces,” continuó Leandrito, “El Cabeza quedó ahí tirado en la calle. Se levantó y fue a ayudarlo a Chiro a pararse. Ahí nomas Chiro le dice Uy loco, nos matamos. Y ahi se cayó al piso y no se movió más. La minita del “Sagrado Corazón” salió corriendo como loca y La Turca fue a buscar ayuda”
Después de procesar un momento la nueva información pregunté: “Y todo esto te lo contó El Cabeza?”
“No. La Turca. El Cabeza no puede ni hablar. Quedó medio taradito, boludo”
“¿Pero porque los venian persiguiendo? ¿Te dijo que había pasado?”
“Y no. La Turca se hizo la boluda. Dice que habían salido los cuatro de joda y que de la nada los empezaron a perseguir. Pero vos viste que Chiro y El Cabeza andaban siempre en cualquiera. Y La Turca también se prende en la que pinte, no tiene historia viste. Ya una vez al Cabeza lo quisieron boletear.”
“Si, ahí a la vuelta de El Agite, a fin del año pasado”, agregó Alvarez.
“Si te metes a vender frula ya sabes que hay gente con la que no podés hinchar las bolas. No es como si le quedas debiendo al panadero, viste.”
“Cuatro en una moto, boludo. ¿Como se te ocurre? Hay que ser idiota”, dijo El Mugre mientras pateaba unos escombros que había en el suelo.

Dejé a mis interlocutores seguir rumiando su desdicha en el cordón de la calle y entre nuevamente a la casa. Cuando llegué al lado del ataúd de Chiro, había comenzado el melodrama por parte de otros allegados.
“¡Lo amo! ¡No puedo amarlo tanto! ¡Se me fue! ¡Se me fue!”, lloraba a los gritos una de las niñas enamoradas.
“¡Loco, esto no me lo banco! No puede ser! ¡Miralo! Parece dormido ¡Parece que estuviera dormido!”, dijo uno que no se quien era. Yo no estaba de acuerdo sin embargo. No parecía dormido ni en pedo. Estaba clarisimo que era un fiambre. Si alguna vez ves una persona dormida que tiene ese semblante, mas vale que llames a la ambulancia pero, ya mismo.
Los demás seguían lamentándose y llorando. No era uno de esos velorios en los que la gente hace chistes. Al rededor mio todo lo que había era tristeza y congoja.
¿Y a mi que me pasaba? No sabría decirte. Estaba todavía shockeado por todo el cuadro, pero, creo que en el fondo no sentía nada. No estaba triste. No estaba contento. No estaba angustiado. Era una roca. No me pasaba nada. Y, finalmente, lo que logró ponerme mal fue comprender que puedo ser inconmovible.
Hace dieciséis años que intercambie mis ultimas palabras con él. Diceiseis años que se sienten como varias vidas. Tantas cosas fueron diferentes a lo que él pensaba. De tantas cosas jamás se enteró.
Nunca supo que con el tiempo nos enteraríamos que sus amigos EL Mugre y Leandrito, no solo gustaban de los hombres, sino que fueron novios entre si durante varios años.
Nunca vio al almacén de su padre convertirse en un supermercado Chino.
Nunca se enteró que después de “El Amor Después Del Amor”, a Fito Paez lo único que se le fue para arriba fue la edad.
Nunca llegó a ver en vivo a Guns'n'Roses (tocaron en River al año siguiente). No se enteró que una chica se suicidó por no poder ir a verlos. Tampoco se enteró que un año más tarde, la banda viviría su ocaso definitivo.
No tengo fotos de Chiro, ni filmaciones. Recuerdo su fisonomía, pero aveces entro en la duda sobre si los rasgos que recuerdo son reales o si son imágenes que fue reemplazando mi mente al borrarse de mi memoria la imagen original.
Nunca lo amé. Nunca lo quise. Nunca lo extrañé. Nunca lo lloré. Nunca lamenté su muerte. Sin embargo, he contado esta historia innumerables veces. Y acá me tenés, haciéndolo una vez más. Dejándolo por escrito, inmortalizandolo. Fue alguien muy importante en mi vida, pero a la misma vez no fue nadie.

Cuando salí nuevamente del velatorio, vi a Carla sentada sobre un tronco de un árbol en la verdeda de enfrente. Tenía una mirada totalmente fría. Cuando me vio, sacó un cigarrillo y me hizo señas para que le diera fuego.
Cruce y una vez al lado de ella encendí su cigarrillo. En ese momento me sorprendió. Apoyo su cabeza en mi hombro y me tomó el brazo.
“Nadie me cree, pero estaba hecha una pelotuda por ese pendejo. Fue el primer flaco con el que estuve”, dijo exalando su Marlboro light.
“Yo te creo”, le dije reconfortándola.
“Está bien. Él está ahí y yo estoy acá. Ya no me importa lo que piense nadie”

Nos quedamos un momento en silencio. Al rato sentí que su respiración se agitaba. Unos segundos después estaba sollozando silenciosamente, tratando de pasar desapercibida. Me dieron ganas de que Chiro resucitara para devolverle el golpe que me había dado en mi pieza aquella vez.
No se que me impulsó a decir esto, pero simplemente me nació:
“La semana pasada me robó el disc man”
Carla sonrió. Apagó el cigarrillo con la bota y sin dirigirme la mirada dijo pensativa la última palabra que cruzaríamos en nuestra vida:
“El que las hace, las paga, Marce”.


FIN.

(Gracias por leer y esperar...)


22 comentarios:

Anónimo dijo...

EHHHHHH
MUY BUEN FINALLLL KAKAKAKA
PERO AHORA QUE SIGAAAAA
ES VERDAD LO DE EL QUE LAS HACE LAS PAGA?????

Ivanna dijo...

Marceeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee




me morí.
no, se murió Chiro.


boludo
piel de gallina.
genial el final, como todos tus relatos.


te amo loco.
y no nos vemos hace mucho
a ver cuándo nos encontramos.

te re amo


Ivi.

laura dijo...

Gracias a vos, Marce.

Alejandro Solo dijo...

Me dio varias sensaciones este relato y algo que pense que sucederia en este ultimo.
1- Muchos recuerdos al final, tipo novela mexicana en su ultimo capitulo, es lo q me imagine que pasaria.
2- Me dio un dejo de Sadismo, cuando recordabas las encamadas en pleno funeral, por lo que me gusto el relato jejeje.
3- Los recuerdos de los funerales para mi siempre fueron chistoso, recuerdo una tia que la queria obligar a darle un beso a mi abuelo muerto hacia que lo abrazaba y le tiraba besos al aire, lloraba desconsolada aunque me resulto muy falsa su accion. Yo me acerque y le chante un beso, queria probar que era besar un muerto (tenia doce años). Es como cuando te lame un perro la boca, te queda esa sensacion de sequedad en los labios y frialdad.
Muy buena la historia Marce... bue...a cambiar de canal.

matutesf dijo...

Realmente una historia de aquellas, me gusto y el final es muy cierto para determinados momentos...

Sabes que me parecio tu reflexión; que la relación de ustedes era totalmente simbiótica, como la de la rémora y el tiburón.

Gracias por compartirla.

MATU BA&D ^[^

Alejandro Solo dijo...

Me falto decirte: Estoy de acuerdo con vos Marce de querer que vuelva a la vida y darle un piñon. Era patetico Chiro, jugaba con tus sentimientos, perdonarle lo que hacia no era ser tonto sino que habia un sentimiento bueno hacia él y para colmo te robaba. Te merecias algo mejor. En fin ya quedo almacenado en el blog un peso menos en tu mochila.

Marcelo dijo...

Se juntaron los mensajes. Veamos...

Anónimo:
Si, es verdad la frase final. Lamentablemente no puede seguir esto... por razones mas que obvias
Saludos

Ivita:
Yo también te adoro y lo sabés. Feliz cumple de vuelta, bonita!

Laura:
De nada! Nos conocemos?
Saludos

Alejandro:
Ni en pedo beso a un muerto. Con respecto a tu segundo comentario, es verdad que Chiro aparece bastante forro en mi relato. Pero en esa época casi todos los chicos de mi barrio eran asi. Creo que era un concepto de la época en esa zona. Probablemente yo mereciera algo mejor, pero también se que muchas veces los demas juegan con nosotros en la medida que nosotros se lo permitimos. Y en eso quizás fui un boludo... quien sabe
Saludos!

Matu:
Creo que el ejemplo de la remora y el tiburón que ya mencionaste otras veces, no puede aplicarse mejor que en esta situación. Los dos nos usabamos mutuamente.

BA&D

Marce

Ivy S. dijo...

gracias a vos, me encantó el relato...

un final excelente

J. dijo...

que historia!!! genial marce, hace mucho q no entraba y lei todos los capitulos seguidos
un abrazo!

Marcelo dijo...

Ivy S.
De nada! Sos iván?
Besos

J.
Pasa cuando quieras. Voy a poner otras cosas en breve, ni bien tenga un tiempito de terminarlas.
Sos Jony?

abrazos a ambos y gracias

ivy S. dijo...

ehhhhmmmm no, me llamo Ivana. Jeje
no nos conocemos; pero la verdad es que encontré tu blog y no pude evitar el comentario,

es realmente bueno

Marcelo dijo...

Bueno, Ivana, entonces te agradezco muchisimo x dejar tu huella
;-)

un abrazo

Marce

Emiliano dijo...

Buenisimo Merlon!!! Muchas gracias.
Te quiero un toco...

Marcelo dijo...

Gracias a vos por leer Emi
El otro día me llamaste por el día de la madre... que bizarro...
Te quería devolver el llamado pero cambie el telefono y puff... se fue!

besos

Marce

J. dijo...

jaj si, soy jony marce!
un abrazo!!!!

pablo dijo...

Hacia rato que no entraba en tu pagina MArce, y la verdad que el relato de Chiro me lo devore de principio a fin en un toque. Estoy en la oficina, y logre abstraerme del mundo laboral y leer tu relato. Increible que un cuerpecito tan chiquito tenga tanta cosa que contar, ja ja ja.
Me parecio impecable el relato. BEsos

Marcelo dijo...

Muchas gracias por volver Pablito. Viste lo que dicen, lo bueno viene en frasco chico jeje
te mando un beso grandote

Marce

Anónimo dijo...

quiero y supongo que queremos mas....es tan lindo leerte

Marcelo dijo...

Anónimo:
Ahi dejé una nota para que no se preocupen. Muy pronto voy a volver a bloggear. Es solo que tuve la cabeza en otro lado...

Muchas gracias por pasar!

MARCE

neutral dijo...

che por dios q buena historia y si que buen final

la cosa que es una historia real, pero nada


está re bien contada porque refleja tu percepción......... me re llamó la atención esto del final, fue re imortante pero no fue nadie, y lo que más me dolió fue darme cuenta que era incommovible

me ha pasado algo de eso... q choto.


y el finAL, sí, piel de gallina


bueh tu blog, como ya ves, lo voy leyendo de a pedazos..... me agarra fanatismo y me consumo todos los posts viejos

un beso che
nos veremos

neutral dijo...

skdjfasmdfkñsdfs


(esto es para hacer click en el coso que me envie los seguimiento d emi comentario jaja )

Pmoss Okey dijo...

No vieja, me imagine todo! Encima leí todo porque me daba intriga saber qué decía después.
Que garrón se halla muerto, para mi si no pasaba, hasta el día de hoy pintaba seguir viéndolo. Un forro bárbaro pero hermoooso jaja.
Suerte heyyyy!! AH y leí la historia que contaste de lo que te pasó en barceloneta o algo así con la Keta!! jaja, fue geniaaal!!